¿Por qué escribir?
ESCRIBIR...
Escribir, dejar que las letras fluyan rápido desde tus dedos, ver cómo la tinta se impregna en el papel. Como la página en blanco se va llenando poco a poco de palabras, de ti. En medio del silencio salen, vienen presurosas al encuentro de las otras. Salen de mi cabeza, a veces de mi corazón, otras parece que se desgarran de la piel misma, o que, simplemente, se despliegan perezosas de la nada.
Escribir, escribir para mí es construir, es construirme. Cuando escribo para mí, vivo en mí, construyo mi historia desde el momento presente. Vivo en las palabras con las que me defino. Son ellas las que me dan vida y la vara desde las que me mido, con las que me expreso.
Los sustantivos me ayudan a definir aquello que conozco y lo que no, son capaces de nombrar los parámetros bajo los que se rige mi existencia.
Los adjetivos me ayudan a concretarlo, a darle forma. A describir cómo suenan esos sustantivos, cómo saben, cómo los siento en eso que defino con la palabra “yo”.
La narratividad que une unos con otros y que me ayuda a definir el tiempo, mi tiempo propio. El tiempo en el que escribo, el tiempo que pasa de una palabra a otra. Si me preguntas sobre mí, o sobre mi vida, es probable que lo más que pueda ofrecerte como respuesta sea un pequeño puñado de palabras que intenten expresar el sentido que yace ahí, bajo todas ellas.
Podría decir que desde siempre escribo, pero lo más probable sería que estuviera mintiendo, pero sin duda escribir ha sido una de las herramientas que me ha permitido expresarme y, sobre todo, tener un contacto profundo e íntimo con lo que verdaderamente soy en mi soledad y dentro del mundo en el que me muevo.
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